Fantasía Masculina, fantasía colectiva.

Cuando era una niña, tuve mi primer período a los 13 años. Recuerdo que lo odié por todo lo que me limitaba. Odiaba sentir la humedad en mi cuerpo, la piel grasa, los cambios de humor que no sabía si eran por la menstruación o por un día común. Pero lo que más odiaba era no poder vestirme como quería. Tenía que esconder entre varias capas de ropa la marca de una almohadilla de algodón para "flujo abundante".

Hubo un momento en el que mi período estaba calculado para comenzar durante mi viaje de graduación de primaria. Eso significaba que no podría nadar con mis amigas y amigos. Recuerdo insistirle a mi mamá que me enseñara a usar tampones. Me respondió que no lo haría porque sería "como meterme un chile, y ni eso he hecho". Desde entonces, solo he usado toallas higiénicas. A partir de ahí, siempre pensé en los tampones como una alternativa más “discreta”, más fácil de ocultar. Desconozco cualquier otro beneficio real, más allá de lo práctico.

Hace poco leí esta cita de Margaret Atwood de su libro La Novia Ladrona (1993):

    «Fantasías masculinas, fantasías masculinas, ¿todo se rige por fantasías masculinas? En lo alto de un pedestal o de rodillas, todo es una fantasía masculina: que eres lo suficientemente fuerte para aguantar lo que te echen, o demasiado débil para hacer algo al respecto. Incluso fingir que no estás satisfaciendo fantasías masculinas es una fantasía masculina: fingir que no te ven, fingir que tienes vida propia, que puedes lavarte los pies y peinarte sin ser consciente del vigilante siempre presente que mira por el ojo de la cerradura de tu propia cabeza, aunque no sea por ningún otro sitio. Eres una mujer con un hombre dentro observando a una mujer. Eres tu propio voyeur».

Esta cita habla de cómo cualquier cosa que hagas es, de algún modo, la fantasía de un hombre. Un ojo siempre atento, siempre vigilante, satisfecho cuando cumples con su expectativa. No importa si eres rebelde, obediente, cínica, empática, inteligente, tonta, culta o ignorante. La mirada no se detiene en lo físico: te atraviesa.

¿Qué es un tampón, sino una forma de agradar? ¿Es una manera de evitar la humillación? Pero no se detiene ahí. ¿Por qué nos rasuramos las piernas, las axilas, la vulva? ¿Por qué nos vestimos de cierta manera, combinando colores "correctos"?

Todo esto me llevó a una conclusión: no es solo una fantasía masculina, es una fantasía colectiva de lo que se supone que es “ser una persona”.

Tú, querida lectora, podrías decirme: “Yo lo hago por mí. Así me gusta verme”. Si eso fuera verdad, te propongo un reto: sal a la calle vestida con tres prendas elegidas al azar, sin pensarlo, sin cambiarlas. Intenta ignorar las miradas. Intenta ignorar el juicio. Intenta sostenerte en ti. ¿Qué tanto estás viviendo si todo lo que haces obedece a normas que nunca cuestionaste? ¿Qué tanto te gusta sentir ansiedad al pensar: “¿Por qué todos me están mirando?” Es cierto: es imposible hacer cualquier cosa sin que esté teñida por nuestro contexto, por nuestras historias. Entonces, ¿qué se puede hacer? ¿Cómo puedo ser yo?

Creo que no hay una forma pura de "ser una". No hay manera de vestirse sin sentir la herencia de ese vestido azul que usaba tu abuela. No hay forma de pintarse los labios de rojo sin sentirse como una “puta” o que resalta demasiado. No se puede salir sin rasurar sin escuchar la voz de aquella compañera en la secundaria que alguna vez lo señaló. Tal vez esa es la forma de ser: ser parte de ese conjunto de lo que pasó. Un colectivo no elegido, pero que seguimos.

Si yo señalara esa pequeña verruga que odias, ¿serías capaz de notar cómo se te aclaran los ojos al sol?

Si yo hablara de tu mal genio, ¿recordarías ese proyecto en el que pusiste toda tu creatividad, que te tomó días y que fue admirado por quienquiera que lo vio?

¿Serías capaz de verte más allá de lo que ves a través de mí?

¿Puedes observarte sin pensar en ser observada?

¿Puedes ignorar a es hombre dentro de ti?

¿Eres capaz de reconocerte, fuera de ser reconocida?

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿Para qué?