Fantasía Masculina, fantasía colectiva.
Cuando era una niña, tuve mi primer período a los 13 años. Recuerdo que lo odié por todo lo que me limitaba. Odiaba sentir la humedad en mi cuerpo, la piel grasa, los cambios de humor que no sabía si eran por la menstruación o por un día común. Pero lo que más odiaba era no poder vestirme como quería. Tenía que esconder entre varias capas de ropa la marca de una almohadilla de algodón para "flujo abundante". Hubo un momento en el que mi período estaba calculado para comenzar durante mi viaje de graduación de primaria. Eso significaba que no podría nadar con mis amigas y amigos. Recuerdo insistirle a mi mamá que me enseñara a usar tampones. Me respondió que no lo haría porque sería "como meterme un chile, y ni eso he hecho". Desde entonces, solo he usado toallas higiénicas. A partir de ahí, siempre pensé en los tampones como una alternativa más “discreta”, más fácil de ocultar. Desconozco cualquier otro beneficio real, más allá de lo práctico. Hace poco leí esta cit...